Una cosa te lleva a la otra.
Y luego me pregunto cómo puedo gastar tanto dinero. Esta mañana tenía que hacer varias gestiones por la ciudad y he aprovechado para darme una vuelta por el mercadillo del Gorg. ¿Qué ha caído? Unas botas grises de piel por dentro, por fuera, por arriba y por abajo, una auténtica gozada de sólo ¡15 euros!.
Aquí empieza el problema, en mi armario, el color gris brilla por su ausencia y yo, con un espíritu gravemente anclado en los ochenta, necesito ir más o menos coordinada. Me he sentido obligada a salir en busca del acompañamiento adecuado a tan fantástica ganga. La primera visita ha sido H&M, donde me he hecho con un cinturón por 3.90€, gris of-course. Ya estaba contenta porque tenía el conjunto, pero he cometido el error de entrar en Mango. Normalmente es una tienda inofensiva ya que no encajo mucho con el estilo que proponen y me parece caro en relación con la calidad de las prendas. Esta vez allí he sucumbido ante una chaquetita-bolero-torera (llámala como quieras) de reminiscencias militares por 19,90€, ¿el color?, no hace falta que lo diga.
Estaba lanzada al abismo, así que no pasaba nada si echaba un ojo en Zara. Para desengrasar el monotono del conjunto, me he hecho con una bufanda granate de 9,90€. (Nota: es del mismo color que el bolso).
Una vez en casa he pensado que no estaría mal recuperar una minifalda tejana de las primeras rebajas de H&M que me habré puesto sólo un par de veces. Mañana pasaré por el mercadillo del Turó d'en Caritg en busca de alguna camiseta o blusa apropiada. Et voilà! Bodegón completado. ¿Me atreveré algún día a salir a la calle con semejante facha?
