Ayer por la tarde fui al Teatre Romea (Hospital, 51 BCN) a ver "La cabra o Qui és Sylvia?" de Edward Albee dirigida por Josep Maria Pou. Parece ser que en uno de sus habituales viajes a Nueva York, asistió a la representación de esta obra y le impactó tanto que se hizo con los derechos para representarla aquí. Además de la dirección y de la traducción del texto, se encarga de la interpretación de uno de los cuatro personajes que aparecen, Martin, afamado arquitecto y, en apariencia, irreprochable marido de una especie de mujer perfecta y padre de un chaval con cierta tendencia a llorar, gritar y salir corriendo.
En principio todo es pulido y educado, rebosante de buenas maneras, entre un matrimonio que intercambia brillantes comentarios a pesar de 22 años juntos. Poco a poco esta fachada impecable se desmorona y terminamos contemplando un escenario desolado con libros lanzados al suelo, jarrones y cuadros destrozados. Entre medio, me rio de buena gana gracias a la excelencia del texto y de las interpretaciones, aunque, como en las buenas comedias, más de una vez me cruza por la cabeza la pregunta ¿de qué me estoy riendo si todo esto patético?
Como bien dice Pou en el programa de mano, es una historia de amor diferente que se debate entre la comedia y la tragedia, entre lo convencional y lo absurdo.
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Para evitar otra tarde tonta de domingo pensando que no me apetece nada ir a trabajar mañana, voy al Teatreneu, en la vila de Gràcia, a ver "+ contactos", una serie de simpáticas escenas en las que se retratan las dificultades que encontramos al intentar relacionarnos con el sexo contrario. Es imposible no sonreir en algún momento, todos estamos representados.
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Hoy ha caído el primer teatro de la temporada, en la Sala Fabià Puigserver, y para no perder las buenas costumbres, con un clásico, "Ricardo III" de Shakespeare. Esta vez revisionado por Àlex Rigola, quien, como ya hiciera en "Santa Juana de los Mataderos" de Brecht, parece que disfruta desubicando temporalmente la historia, modificando el texto e introduciendo canciones actuales interpretadas en directo. Si en aquella ocasión Joana d'Arc y compañía cantaban "Where is the love" de The Black Eye Peas y "Somewhere I belong" de Linking Park, esta vez he disfrutado, porqué negarlo, con "Sympathy for the devil" de The Rolling Stones y "Rivers of Babylon" de Boney M, entre otras.
Pero hay algo que chirría en este tipo de propuestas, ¿es necesario representar la lucha por el trono de Inglaterra en una especie de club de alterne, con unos personajillos mafiosos disfrazados de horteras ochenteros? Mi opinión es que no aporta nada interesante a la trama, distrae y banaliza unos diálogos que no necesitan purpurina para brillar.
Además, esa escenografía tan chocante me coloca a la defensiva, y me da un poco de pena recordar que en esa misma sala se me ha puesto un nudo en la garganta y los mocos en la nariz con montajes memorables como "El tío Vania" de Chejov y la adaptación de "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski. Hoy no ha sido así, a pesar del buen trabajo de los actores (¡qué bien Lady Margaret!) y de estar sentada casi a pie de escenario. No puedo decir que me haya aburrido, de hecho me he reído un par de veces, ni que me pareciera pesada...ummhh...sí, puedo afirmar que es entretenida. Y punto.
Margaret y sus maldiciones:

Vista general:

Buckingham prepando una rayita de na:

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